El Oro subió casi un 30% en menos de un mes, pasando de poco más de 4.300 dólares a principios de enero a un máximo intradía cercano a los 5.600 dólares el 29 de enero.
Precio contado Oro / USD (últimos 30 dd.):
Precio contado Plata / USD (últimos 30 dd.):
La Plata se movió con una fuerza aún mayor, tocando brevemente los 120 dólares. Luego vino la reversión. El Oro cayó cientos de dólares en una sola sesión. La Plata también sufrió una fuerte caída. A finales del mes de enero, el Oro volvió a estar por debajo de los 5.000 dólares por onza (ahora cae a 4.687,56) y la Plata, algo por encima de los 75 dólares (a esta hora se mueve en torno a 66,83). Caen como un piano.
No cabe duda que el masivo apalancamiento de inversores particulares trajo aparejado el consiguiente aumento del margin call, lo que significa que se exija la constitución de mayores garantías por parte de brokers, fondos y bancos de inversión, retroalimentado así las caídas, y haciendo saltar los stop loss puestos en varias líneas sucesivas de soporte hacia abajo. Estos inversores particulares no compran los metales físicos sino que adquieren “papel”. Para ello utilizan ETFs directos (apalancados por 2 ó por 3 veces), lo que acelera considerablemente las subas (y también las bajas). La compra por parte de operadores grandes fondos institucionales (CTA) y bancos centrales se hacen en los mercados de derivados, o a través de mercados OTC (Over-the-Counter), en criollo, fuera de Bolsa.
Como era de esperar, la acción del precio reavivó las acusaciones habituales de "manipulación" y "codicia descontrolada de los inversores". Pero el precio por sí solo nunca revela la historia completa. El precio es solo la superficie. Las verdaderas señales están debajo. Veamos a continuación dos posturas a este respecto.
Las recientes caídas del Oro y la Plata parecen estar relacionadas casi directamente con la designación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed).
“Los catalizadores no son lo mismo que los impulsores. El catalizador del sorprendente cambio de tendencia en la plata, el oro y el conjunto de los metales preciosos en general parece haber sido, sin duda, el nombramiento por parte del presidente Trump de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal", destaca Garrett Melson, estratega de carteras en declaraciones a Bloomberg. "Pero no es el temor a una posible retirada de liquidez en caso de que Warsh consiga reducir el balance de la Fed o la subida del dólar a raíz de la noticia, ya que los inversores descuentan el riesgo de que los recortes a corto plazo provoquen la necesidad de más subidas más adelante, lo que ha alimentado las impresionantes caídas", añade este experto. Según explica Melson, "el oro, y en particular la plata, han visto cómo sus gráficos se volvían parabólicos en las últimas semanas, ya que el oro ha subido hasta 4 desviaciones estándar (Sigma 4) por encima de su media de 5 años, mientras que la plata casi ha alcanzado una desviación estándar de 8 (Sigma 8). Esos movimientos no tuvieron que ver con la AI, el gasto en defensa, las tensiones geopolíticas o la política monetaria. Y desde luego no fueron consecuencia del tan mentado “trade de la devaluación". Se trataba simplemente de narrativas atribuidas a lo que no era más que una operación de impulso extremo. Los precios que suben en un espacio relativamente ilíquido con mucho acceso para los inversores tienden a provocar aglomeraciones. Y las aglomeraciones de tal magnitud dejan al activo vulnerable a los pequeños pinchazos", sentencia Melson. "El catalizador no importa. Las espectaculares caídas del oro y la plata no son consecuencia de una reevaluación fundamental de las perspectivas, las ramificaciones de la elección del presidente de la Reserva Federal, la confianza en el dólar o cualquier otra narrativa. Se trata, simplemente, de las secuelas de una operación impulsada técnicamente por un impulso masivo", concluye este experto.
Por su parte, Michael Wilson, de Morgan Stanley, no piensa lo mismo. Por estos días publicó un papper donde desarrolla otra visión. Coloca, sí, en el centro a la nominación de Kevin Warsh para presidir la Fed, pero da una vuelta de tuerca al asunto.
Según él, tanto Donald Trump como Scott Bessent piensan que EE.UU. lo que está intentando “es crecer para salir del problema de la deuda”. Es una forma de salir, (muy) supuestamente. El problema es que el mercado duda de que eso funcione, y no falta razón. Y la nominación de Kevin Warsh a la Fed, según Wilson, lo que intenta es calmar esa desconfianza y ponerse a rezar para que el experimento como tal funcione. El problema es que EE.UU. tiene una deuda enorme, y que recortar el gasto para rebajarla se está viendo claro que políticamente es inviable porque le quita votos a Trump para las elecciones de medio término en noviembre. Entonces la única salida que han encontrado es hacer crecer el PIB nominal con algo de inflación (se verá ese “algo” de inflación hasta dónde llega), e intentar entonces solucionar el tema.
El problema radica en que están diciendo que no va a haber inflación y no es así, porque según analiza este papper el plan es que haya inflación “algo más alta”. ¿Cuánta más alta? Wilson hace una serie de análisis y tira de que posiblemente se esté hablando de un 3-4% de inflación (es lo que tienen calculado los pibes del Tesoro en su “tablero de arena”).
Por tal motivo, la dupla Trump-Bessent necesita un papel más colaborativo entre la Reserva Federal y el Tesoro. Y para eso está Warsh para hacer de enlace. Sigue el papper de Wilson señalando que con Biden el plan era: más inmigración, más gasto público, más subsidios al consumo total, más inflación y menos productividad. Es lo que pasó. Ahora con Trump, se apunta a incentivar el CapEx (gasto de capital), la inversión privada, reindustrializar, subir salarios vía productividad, y alcanzar una menor dependencia del consumo financiado por deuda total. Pero sobre todas las cosas: establecer un límite ¿férreo? a la expansión monetaria. Y esto último es, precisamente, lo que pone en estado de alerta a los mercados que necesitan de ella para seguir escalando.
Más crecimiento, y de esta manera intentar resolver los problemas de deuda. Crecer -mejor dicho- para diluir la deuda. ¿Y el mercado qué hace? Wall St no cree en eso, y entonces compra Oro porque desconfía de ese crecimiento real, y por eso el Oro termina disparándose hacia fines de la última semana de enero.
Entonces ahí, el mismo viernes 30 de enero, nominan a Warsh. Se supone que el tipo es un halcón en el balance de la Reserva Federal, que va a aportar credibilidad, y que va a frenar al Oro; de paso, estabilizar el dólar, y ganar tiempo para que la estrategia funcione. Esa es un poco la clave. EE.UU. está apostando todo a crecer, dice Wilson, para salir del atolladero de la deuda. El plan es totalmente distinto al de Biden, y sobre el papel (al menos) parece mejor. Pero el mercado no se lo cree, y por esa razón estuvo comprando Oro. Warsh ha sido nombrado -concluye Wilson- para que la tribuna empiece a tener confianza. En definitiva: si el plan no funciona, el Oro será el que gane; y si funciona, se solucionará entonces (un cachito, tampoco jodamos) el problema de la deuda.
En otras palabras, Kevin Warsh no apunta a bajar los tipos de interés solamente; su objetivo es -ni más ni menos- cambiar la propia Fed. Busca crear un nuevo acuerdo para controlar el sistema monetario entre la Fed y el Tesoro que gestiona Bessent.
Y esto parece sustancial: Donald Trump no sólo quiere tipos de interés bajos, sino lo que está buscando es cambiar completamente la manera en la que la Fed opera. Es decir, Trump quiere quitarle poder al banco central y devolvérselo a los bancos privados.
A partir de mayo, cuando asuma Kevin Warsh como nuevo presidente de la Fed, iremos escuchando cómo suena esta nueva versión.
Disclaimer: El contenido de este apunte no debe interpretarse bajo aspecto alguno como consejo de inversión o recomendación de compra o venta de un activo o título en particular. Dicho contenido representa únicamente la opinión personal de quien lo suscribe. En todos los casos, todo inversor particular debe asesorarse con un profesional (ALyC) inscripto y habilitado a tal efecto ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) de la República Argentina.
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