Como no podía ser de otro modo, el foco de atención se puso en el comienzo de las hostilidades en Medio Oriente, y si bien esta cuestión que a continuación desarrollaremos fue citada, quedó eclipsada por el fragor de la guerra.
Venía gestándose desde hace tiempo, pero el baldazo de agua fría cayó el viernes pasado casi al final del cierre en Wall St: BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, anunció que limitaría las retiradas de efectivo de su principal fondo de crédito privado (el HPS Investment Partners).
Esta noticia bomba se detona apenas una semana después de que otro de los principales fondos de crédito privado, Blue Owl, paralizase completamente los reembolsos de uno de sus vehículos, dejando a cientos de inversores sin poder acceder a su dinero. Según relata el Financial Times (FT), el incidente de BlackRock se produce precisamente por el alto volumen de peticiones para retirar depósitos que están viendo por parte de los clientes. Concretamente -sigue refiriendo el FT-, “el fondo recibió solicitudes de reembolso por valor de 1.200 millones de dólares en este trimestre, aproximadamente el 9,3% del valor neto de los activos”.
Este elevado volumen permitió a BlackRock activar una cláusula, que seguro que ningún inversor recordaba que existía (en criollo, la letra chica), por la cual si se solicita el reembolso de hasta un 5% del valor del fondo, el gestor puede restringir las salidas adicionales.
Por su parte, el mayor fondo del sector de Private Credit creado por Blackstone y que llegó a contar con 82.000 millones de dólares también ha recibido solicitudes de reembolso de hasta un 8% del total en los últimos meses. Y el problema es que estos fondos no invierten precisamente en activos líquidos (sobre todo en Real Estate comercial) que se puedan vender fácilmente para hacer frente a los reembolsos. Y si todos tienen que vender a la vez, el valor de esos activos se va a besar la lona.
Tomemos ahora como referencia el contenido de un reciente paper firmado por el destacado analista Jeff Park. Se pregunta el autor: “¿pero qué activos son los que tienen en estos fondos?” Veamos. En octubre de 2025, Meta (Facebook), y Blue Owl, la gestora que cerró uno de sus fondos a las salidas hace poco, firmaron una financiación de 27.000 millones de dólares para una “granja de centros de datos” en una zona rural de EE.UU., la mayor operación de crédito privado jamás ejecutada. Y ese capital salió de, entre otras instituciones, de gestoras como PIMCO (el Zar de los Bonos) y BlackRock, que invierten el dinero de los fondos de pensiones en operaciones como esta. Si bien esta fue la mayor operación, no es ni de lejos la única. Morgan Stanley, según Park, estima que de los 2,9 billones de dólares prometidos para construir centros de datos de aquí a 2028, aproximadamente 800.000 millones de dólares vendrán de los mercados de crédito privado. En otras palabras, Claude, OpenAI y la capacidad de miles de personas para hacer que trabajan, mientras la AI, es la única que se esfuerza, dependen del mercado de crédito privado.
Este autor observa en este esquema una circularidad que, como dice él, merece ser expuesta con cautela: “Los ahorros para la jubilación de los trabajadores están siendo movilizados a través de la larga cadena de intermediarios institucionales que el crédito privado ha construido con BlackRock, Blackstone, Blue Owl y demás hacia la financiación de la infraestructura de automatización que competirá directamente con el trabajo que esos mismos trabajadores aportan”.
En otras palabras, cada trimestre, el crédito privado consigue introducir 50.000 millones de dólares de media que vienen principalmente de los fondos de inversión de los trabajadores de oficina para financiar el desarrollo de AI que elimina el empleo de estos mismos tipos. Con su ahorro están financiando su despido… El último dato de empleo en EE.UU. mostró una pérdida de 92.000 trabajos, cuando la estimación era que se crearan más de 50.000. Pero no acaba ahí la automutilación.
Las mismas empresas que emplean a esa gente también están perdiendo ingresos, perdiendo capitalización y poniendo en peligro sus deudas. Deudas que vienen de préstamos que fueron concedidos por esos fondos de crédito privado que ahora no pueden devolver el dinero a sus clientes. Esta es una industria completamente opaca con un valor en libros de casi 2 billones de dólares y está emitiendo señales de alarma en medio de una guerra en Medio Oriente que ni Cristo sabe cuándo terminará.
Pero hay más. Como en la crisis de las hipotecas subprime en 2008, aparecen en escena las compañías aseguradoras. ¿Por qué? Bueno, el capital en riesgo invertido pertenece a los titulares de pólizas de seguro de vida y a los beneficiarios de fondos de pensiones. Es decir, pertenece a un colectivo mucho más amplio. Pero si el valor real de los activos que están en estos fondos de inversión es inferior al valor que tienen en libros, ¿cómo es que no han quebrado antes o cómo es que no quiebran más ahora? Según ZeroHedge, “la primera ficha de dominó en caer tras el estallido de la ‘burbuja crediticia privada’ serán las aseguradoras. La razón: el crédito privado representa el 35% de sus inversiones totales en EE.UU.”
Pero a nivel más general encontramos que la mayoría de rescates, la mayoría de ventas en los fondos de activos privados se producen por la venta del activo a otro fondo suyo o de la competencia. Es decir, no son activos que se venden a mercado. Una operativa con cierto tufillo a Ponzi, que es paradójicamente lo que hace que los fondos de pensiones inviertan en estos activos y no en algo que también demuestra buenos retornos en largo plazo.
Para rematar, nada mejor que citar nuevamente a Jeff Park: “En el mundo financiero, cada generación inventa una nueva herramienta para envolver los peores instintos en productos que parecen prudentes. Los años 80 fueron de bonos basura, disfrazados como ‘democratización del capital’; los años 90, de deuda de mercados emergentes, empaquetados como una ‘noble causa para integrar a los países en desarrollo en el mundo global’; los años 2000, de crédito estructurado, tan complejo en sus tramos que ni siquiera sus diseñadores entendían su funcionamiento antes de que colapsara. Estas ‘innovaciones’ tienen un punto en común: crean soluciones artificiales para problemas reales (como la falta de crecimiento), como la conversión de liquidez, y terminan causando desastres por su exceso”.
Disclaimer: El contenido de este apunte no debe interpretarse bajo aspecto alguno como consejo de inversión o recomendación de compra o venta de un activo o título en particular. Dicho contenido representa únicamente la opinión personal de quien lo suscribe. En todos los casos, todo inversor particular debe asesorarse con un profesional (ALyC) inscripto y habilitado a tal efecto ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) de la República Argentina.
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