De los innumerables consejos que dan vueltas por los mercados, uno que se impone con fuerza es el de “Nunca hay que ponerse en contra de la tendencia”. Su validez es incontrastable, y para abordar esta temática vamos a observar una serie histórica que se extiende por más de 136 años (con datos que van desde 1880 hasta 2016).
El que se puso a revisar esta serie histórica fue Brian Hurst (junto a otros autores) en el
prestigioso Journal of Portfolio Management.
¿Qué nos muestra esta serie histórica? En primer lugar, no estudia sólo la Bolsa, que es un error habitual que siempre se tiene: trabajar sólo en Bolsa; como si no hubiera otros mercados. En este caso, se estudian 67 mercados diferentes en cuatro clases de activos principales: 29 materias primas, 11 índices bursátiles, 15 bonos y 12 pares de divisas.
“Para estudiar el conjunto más amplio de mercados en la serie temporal más larga en la que podemos encontrar datos, combinamos una gran cantidad de conjuntos de datos existentes”, puntualiza Hurst. De nuestra parte, podemos preguntarnos: ¿Seguir la tendencia funciona sólo por casualidad, o es que hay algo estructural detrás? Para hacer este estudio, los autores utilizaron tres sistemas. El primero de ellos a un mes: seguir la tendencia, si está un mes subiendo se ponen largos, si está un mes bajando se ponen cortos. Lo explican de la siguiente manera: “La estrategia más básica para seguir tendencias es el impulso de las series temporales: comprar en mercados con rentabilidades positivas recientes y vender en corto en aquellos con rentabilidades negativas recientes”.
De esta forma, se cuenta con tres sistemas: a un mes, a tres meses y a doce meses; y se combinan todos, sin ningún tipo de optimización. Y cada posición se ajusta a la volatilidad para que no haya desequilibrio (es decir, de que los que son poco volátiles tengan demasiado peso, y los que son más volátiles puedan tener más o menos peso). ¿El resultado? Por décadas desde el año 1880, en todas las décadas que ha habido desde entonces, siempre se ha ganado dinero.
Tengamos en cuenta que en esta época sucedieron hechos significativos como la burbuja ferroviaria de finales del siglo XIX, el terremoto de San Francisco de 1907, la Gran Depresión después del crash de 1929, dos Guerras Mundiales (!), la crisis de la estanflación de los años ‘70, el “Lunes Negro” de octubre de 1987, la burbuja puntocom del año 2000, la crisis financiera de 2008. Sin embargo, a pesar de todo eso, no ha habido ni una sola década en la que no se haya ganado dinero.
Otro dato a tener en cuenta: el ratio de Sharpe neto se mueve en cifras consistentes (y eso que estamos hablando de 136 años). Como sabemos, este ratio es una métrica financiera que mide la rentabilidad adicional de una inversión por cada unidad de riesgo asumido (volatilidad). De esa manera, permite evaluar si un mayor rendimiento se debe a decisiones inteligentes o a un riesgo excesivo. En criollo: por lo general un inversor se fija en la rentabilidad de un activo para decidir dónde colocar la guita. Sin embargo, otra variable que hay que tener siempre presente al tomar esta decisión es el nivel de riesgo de cada inversión. Este ratio mide el exceso de rendimiento por unidad de riesgo de una inversión, y permite así averiguar hasta qué punto la rentabilidad de una inversión compensa al inversor por el riesgo que ha asumido.
En los 136 años de esta serie histórica, el ratio de Sharpe se ha movido en cifras óptimas (el promedio es de 0,76), y sobre todo se observa que la correlación tiende a la media del mercado de valores: -0,01 (prácticamente, no hay correlación). Es decir, si se sigue la tendencia, y se sigue sobre muchos activos (y la Bolsa la consideramos sólo como un activo más), no está para nada mal. Al final, se obtiene una rentabilidad considerable, con baja volatilidad, y un ratio de Sharpe acorde.
Es que los mercados funcionan en base a paciencia, a seguir la tendencia, y a diversificar. Con esta estrategia de seguir la tendencia en muchos activos, se muestra lo que sucede en los diez peores momentos históricos de la cartera tradicional 60% (renta variable) / 40% (renta fija), que es la que se utiliza como referencia para este estudio.
De este modo, se puede apreciar los distintos drawdown [caída desde un máximo hasta un mínimo en el valor de un portfolio de inversión, antes de que recupere ese nivel] que tuvo la cartera 60 / 40 en estos períodos de pánico. Obviamente, algunas de las veces esas caídas fueron demoledoras, casi el 80% abajo en el crack del ‘29, cerca del 50% en la recesión del ’37. Pero curiosamente esta estrategia en esos momentos de crisis, sólo perdió en dos de las ocasiones en las que estuvo en crisis la cartera 60 / 40, pero en realidad fue más bien acotada. Es decir, que en los peores momentos de la Bolsa esta estrategia combinada le daba igual porque intervenía en todo tipo de activos.
No obstante, la cartera también tiene su drawdown, y bastante importantes (en algunas ocasiones también han llegado al 20%). En este sentido, se observa que en 136 años han sucedido sólo cuatro drawdown superiores al 17,7%. Por supuesto, milagros no existen, y no se puede seguir ninguna estrategia sin tener que sufrir un drawdown a lo largo del camino. Aparecen pocos, pero aparecen, como por ejemplo el crack del ’87. Podemos decir entonces que seguir la tendencia no elimina el riesgo, pero cambia la forma de sufrirlo.
Hurst lo resume así: “Nuestra evidencia a largo plazo, sugiere que es improbable que la existencia de tendencias de precios en los mercados sea producto del azar estadístico o de la manipulación de datos. De hecho, las primeras diez décadas de datos constituyen evidencia fuera de la muestra en relación con la literatura existente, y el rendimiento se mantiene sólido durante este período. Por lo tanto, las tendencias parecen ser una característica generalizada de los mercados financieros especulativos a largo plazo” (el subrayado es nuestro).
Los autores también investigan cómo funciona la estrategia comparada si hubo recesión o si hubo expansión, si hubo alta inflación o si hubo baja inflación, si fueron tiempos de guerra o de paz, o si hubo períodos de tipos altos de interés o si hubo tasas bajas. Se concluye que, en definitiva, esta estrategia es consistente en todos los entornos.
A principios del siglo pasado, el legendario operador Jesse Livermore afirmó que “el gran dinero no estaba en las fluctuaciones individuales, sino en... evaluar el mercado en su conjunto y su tendencia”.
Disclaimer: El contenido de este apunte no debe interpretarse bajo aspecto alguno como consejo de inversión o recomendación de compra o venta de un activo o título en particular. Dicho contenido representa únicamente la opinión personal de quien lo suscribe. En todos los casos, todo inversor particular debe asesorarse con un profesional (ALyC) inscripto y habilitado a tal efecto ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) de la República Argentina.
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