El optimismo de la “Generación QE” en la Bolsa (El auge de la IA opaca a la suba del petróleo)

(Por Andrés Mautone, Finanzas Personales) Un informe publicado no hace tanto pasó por debajo del radar. Inadvertido seguramente por el ruido de la guerra que sigue ahí. Vale la pena dar cuenta de este paper -aunque sea parcialmente-, ya que tiene mucha miga.

Se trata de uno de los últimos The Flow Show (“Stocksmaxxing”) que lleva la firma de Michael Hartnett, Estratega Jefe de Inversiones en Bank of America (BofA). Como sabemos, Hartnett proviene de Merrill Lynch donde se incorporó allá por 1995 (este banco de inversión luego fue adquirido por el BofA durante los aciagos días de la crisis de 2008). Junto a Charlie McElligott de Nomura Securities (que se concentra más en enfoques cuantitativos), son tal vez los dos analistas más seguidos por muchos en Wall St. Con estilos personales bien definidos, producen papers de gran calado en cuanto a sus respectivos contenidos (eso sí, debe reconocerse que la redacción de estos tipos es bastante enrevesada).

Dicho esto, Michael Hartnett arranca hablando del dólar australiano (el Aussie) en su cruce con el Yen japonés. La cuestión es que este cruce -según los operadores en Forex (FX)-, es considerado como el termómetro de aversión o apetito al riesgo (según sea el caso) más importante que existe en FX. ¿Por qué? Porque el dólar australiano es una divisa cíclica. Australia es un país que exporta muchas materias primas.

Y cuando la economía global marcha digamos bien, los chinos en particular y los asiáticos en general, les compran a Australia mucha materia prima. De esta manera, el Aussie se aprecia. Por su parte, el Yen japonés es más bien una divisa de financiación, sostienen en Forex. Entonces, de ese modo se hace mucho carry trade. Pero cuando hay pánico el carry trade se desarma rápido, y los inversores devuelven los yenes prestados. En consecuencia, el Yen se dispara al alza y los activos de riesgo se desploman. Por eso el Yen se utiliza un poco como refugio de valor (funding) en esa
región.

El cruce Aussie-Yen -explica Hartnett- es una especie de ratio entre el cíclico puro (el dólar australiano) y el refugio puro (el Yen japonés). Cuando este ratio sube, los inversores están comprando crecimiento y vendiendo refugio. Y cuando cae, ocurre lo contrario.

¿Cómo está el cruce Aussie-Yen por estos días? Este cruce está en máximos desde octubre del ‘90. Hacía 36 años que no se veía el cruce tan alto. ¿Qué significa esto? Que el apetito por el riesgo (risk-on) está en niveles que no se veían desde el ‘90. Es decir, desde la burbuja japonesa de finales de la década de los ‘80. Nada menos. Entonces, Hartnett piensa que esto es demasiada euforia, y que, por tanto, no es demasiado sano. En otras palabras, cuando no pocos inversores compran dólares australianos y venden yenes al ritmo como el actual, hay que preguntarse si esto es
normal, si la fiesta no está llegando demasiado lejos.

Según muestra Hartnett, el cruce dólar australiano-yen está totalmente desmadrado (el anterior fue en octubre del 2007 cuando ya se estaba amasando la crisis financiera que se venía encima en el mundo). 

Otro punto interesante del paper, es aquel que hace referencia a la Encuesta Global de Gestores de Fondos del BofA (actualizada). Este sondeo muestra el sentimiento institucional más bajista desde junio del 2025. Pero que él no lo ve claro porque los flujos muestran que 2026 va camino de ser un año récord de entradas, tanto en acciones globales como en Bonos en grado de inversión (Investment Grade).

Como buen observador, ¿qué dice Hartnett al respecto? Sencillamente: “Vigila lo que hacen y no lo que dicen” (“Watch what they do, not what they say”). La realidad es que, por mucho que digan que están bajistas, hay un billón de dólares que está entrando en acciones globales. Un billón de dólares en el año 2026, con todo lo que está pasando…
Y ese es el mayor flujo anual histórico hacia acciones globales. Más incluso que en 2021, cuando entraba dinero a lo loco después del COVID. Y con los Bonos de grado de inversión (los IG), está pasando lo mismo.

Ahora bien, pasemos al siguiente tópico del informe que tiene mucho de valor conceptual. Hartnett sostiene que hay que apostar a que la Reserva Federal baja tipos, y, por tanto, hay que vender dólares, hay que comprar materias primas, hay que comprar China, y hay que comprar consumo discrecional (bienes durables). Piensa todo eso este muchacho.

Ve un mundo donde las políticas económicas se relajan para apaciguar al votante frustrado. Si el dólar norteamericano cae, la inflación se modera (pero se mantiene estructuralmente alta), los activos reales superan a los activos financieros; las materias primas a los Bonos y al dólar; y la geopolítica se convierte en una carrera por controlar recursos físicos. En síntesis, nos dice que debemos vender dólares, comprar materias primas, comprar China, comprar consumo discrecional.

Para terminar, Hartnett hace referencia a los que están alcistas en la Bolsa. Los pinta textualmente así: “los alcistas dicen mientras los rendimientos de los Bonos y el desempleo estén [ambos] en el rango 4 - 5%, entonces estamos Gucci” (“stocks Bulls say ‘so long as yields&unemployment in 4-5% range we Gucci…’”, así, en el original). Es que Hartnett usa mucho slang. ¿Qué quiere decir con que “estamos Gucci”? Si bien se refiere a la famosa marca de lujo italiana, es una expresión que significa que “estamos genial”. En otras palabras, expresa que para los alcistas todo está “de lujo” mientras esos números se muevan en ese rango (4-5%).

A esta “versión de optimistas” que se encuentran alcistas, Hartnett la denomina “Generación QE” porque son los que empezaron a operar después de 2008 cuando apareció la flexibilización cuantitativa. Recordemos que la Quantitative Easing (QE, por sus siglas en inglés) de la Fed fue una política monetaria no convencional, diseñada tras la crisis financiera de 2008. En criollo: compras masivas de activos financieros a largo plazo (deuda del Tesoro y valores respaldados por hipotecas) para inyectar liquidez directa al sistema financiero, aumentar así la oferta monetaria y reducir las tasas de interés a largo plazo cuando las tasas a corto plazo ya estaban cerca al 0%.

Convengamos que Hartnett tiene razón: estos pibes nunca han visto un mercado caer en serio sin que un banco central saliera al rescate (en tanto “prestamista de última instancia”). No lo han visto nunca porque desde el 2008 es lo que viene pasando. Y esta “Generación QE” opera con la absoluta convicción de que el mercado no puede caer. Hartnett retrata este presente cuadro de optimismo con todas las letras: “Gen QE know stock market ’too big to fall’”.

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