A pesar del mal tiempo en algunas de las jornadas (un rasgo típico de la típico de la fiesta que siempre termina “pasada por agua”) la concentración de visitantes alcanzó números impensados que superaron el millón de asistentes entre las nueve noches de celebraciones, danzas y comidas.
Un rasgo distintivo de esta edición fue el crecimiento de personas que se acercaron “entre semana”, marcando picos de asistencia los días lunes y jueves, a la par de los fines de semanas que son los clásicos momentos de concurrencia.
Cambio de hábito: concurrir más temprano
Este año, los organizadores pudieron verificar que, abriendo las puertas del predio antes, logran captar mucho público que prefiere ir temprano a recorrer los stands, evitando las aglomeraciones de la tardecita y noche. Por eso, es probable que en la próxima edición del año que viene las chances de probar un buen plato se extiendan al mediodía y durante toda la tarde y no solo para la cena, como en las últimas ediciones.
Aún no hay un “arqueo de caja” para saber cuánto fue lo recaudado por el conjunto de las colectividades en las nueve noches ni tampoco, cuánto fue el monto promedio que invirtieron cada uno de los que pasaron por la feria. No obstante, otras estadísticas dan cuenta de las características que tuvo el evento, repasando el origen y las preferencias de los asistentes.
La Fiesta en números
- 1.000.000 de visitantes (sumadas las 9 noches)
- 20% de los asistentes fueron turistas
- 95% de esos turistas volvería a Rosario
- 80% fue a Colectividades por la comida
- 60% de los asistentes fue a la feria dos veces