El futuro llegó y está entre nosotros. Sin embargo, la Inteligencia Artificial (AI) enfrenta narrativas presentes y adversas al mismo tiempo.
La primera que surge tiene que ver con todo lo referido a las relaciones laborales en el mundo del trabajo. Es una dimensión de alcance social que viene acompañada de visiones disruptivas e incluso distópicas.
La segunda narrativa se cierne sobre el aspecto económico-financiero y las posibles consecuencias. Haremos foco en esta última narrativa para tratar de advertir su potencialidad.
De acuerdo a un paper de Goldman Sachs que lleva la firma de Peter Callahan, arranca diciendo que “todo el mundo habla de burbuja, pero el Nasdaq lleva +16% en el año”. Para este analista, con el múltiplo cayendo hasta mínimos de varios años, “ha subido por beneficios, no por expansión de múltiplo”. Y las dos locomotoras del CaPex (Nvidia y Broadcom) ambas cotizan a menos de 13 veces beneficios (para 2028) mientras proyectan crecimientos del 70% y del 100%, respectivamente.
Y no son sólo ellas. Las acompañan otras compañías como Dell: 16,3 veces; Applied Materials: 20 veces; y Lumentum: 24 veces. Reitera el autor: se está subiendo por beneficios (por ingresos ciertos y concretos), no por expansión de múltiplo. Es más: el PER del Nasdaq 100 estaría en 21,4 veces, pero no así el PER de determinados grandes componentes como bien observa. Según Callahan, “estamos ante una oportunidad histórica en tecnología”.
Repasemos ahora un informe de Jefferies que se dirige en la misma dirección. Es un análisis que abarca desde el cuarto trimestre del 2024 hasta la fecha (segundo trimestre del 2026). Da cuenta del peso del CaPex de la AI en el crecimiento del PBI de los Estados Unidos. Representó el 56% el año pasado, y 48% este año. El crecimiento norteamericano depende de sólo la AI, de la inversión en centros de datos y chips. Si se detuviera el motor de la AI, “no hay otro motor esperando”, advierte este informe.
Y curiosamente tiene otro efecto para nada menor. La remuneración real de los asalariados norteamericanos se está abaratando por el desarrollo de la Inteligencia Artificial: -0,2%.
Hace tres años los salarios reales subían un 3% al año; hoy caen. Es decir, el trabajo que no se puede automatizar está siendo cada vez más escaso, mientras que el trabajo que se puede automatizar o mejorar con la AI se está abaratando. Así, la Inteligencia Artificial tendría un efecto deflacionario.
En un sentido mucho más amplio, el que también sostiene esto es el actual presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh. En efecto, piensa que el desarrollo de la Inteligencia Artificial actuará como una fuerza deflacionaria significativa en la economía, principalmente debido a un choque positivo de productividad. Prevé un aumento masivo de la productividad porque considera a la AI como un nuevo "factor de producción" capaz de acelerar sustancialmente la producción por hora trabajada.
Argumenta que un incremento en la tasa de crecimiento de la productividad permite que la economía se expanda con rapidez sin sobrecalentarse ni generar presiones sobre los precios. De esta manera, Warsh compara el auge actual de la AI con la revolución de las tecnologías de la información a mediados de la década de 1990. En aquel entonces, el expresidente de la Fed, Alan Greenspan, mantuvo las tasas estables al prever correctamente que las ganancias de productividad contrarrestarían las fuerzas inflacionarias, permitiendo un fuerte crecimiento con baja inflación.
Si bien Kevin Warsh reconoce que el boom de infraestructura (chips, centros de datos, energía) eleva los precios de ciertos insumos a corto plazo por el lado de la demanda, matiza que estos picos no se traducen en una inflación persistente. Desde su perspectiva, la AI optimiza las cadenas de suministro y abarata drásticamente los costos de análisis y procesamiento de información, lo que expande la capacidad agregada de la economía (efecto de la oferta).
Otro punto neurálgico que merece toda la atención es la extraordinaria emisión de bonos corporativos de los cinco hiperescaladores. Así, Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y
Oracle van a pedir prestado este año más del doble que en 2025. La emisión corporativa en todo 2025 fue de 108 mil millones de dólares; mientras que hasta agosto de este año, la misión ya ascendía a 223 mil millones. Por su parte, el diferencial de crédito que pagaban los inversores sobre el Bono norteamericano el año pasado, en el caso de Amazon, era de 60 puntos básicos (pbs), en Alphabet era de 51 pbs, y en Meta de 80 pbs. Este año, el diferencial ya es mayor. En el caso de Amazon alcanza hoy los 85 pbs, en Alphabet los 75 pbs, y en Meta supera los 106 pbs.
Además, compiten por el mismo dinero a largo plazo que necesita el Tesoro de EE.UU., justo cuando Scott Bessent intenta que el Bono a 10 años no rompa al alza y supere el 4,75% (ayer merodeó el 4,95%).
Cabe preguntarse si todo ese gasto no es demasiado. Seguramente, todo el proceso de adopción va a terminar con un exceso de capacidad de centros de datos bastante importante. Algo parecido a lo que pasó con la fibra óptica en el año 2000. Lo cual no quiere decir, obviamente, que la Inteligencia Artificial no pueda desarrollarse plenamente.
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