Según Bloomberg: “La guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán es ahora la principal responsable de la mayor inflación en Estados Unidos en tres años”. Con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado, “se prevé que los precios de la energía se mantengan elevados durante un tiempo”, concluye.
Como se ve el aumento de la inflación en la primera potencia del mundo y su relación con los mercados no resulta ser una cuestión menor. Sobre todo, si nuestro horizonte de inversión es el largo plazo. Por lo tanto, hay una conexión evidente entre inflación, rendimiento en los mercados e inversión a largo plazo.
Sin embargo, no existe un abordaje unívoco a este respecto. En este apunte, nos vamos a concentrar sólo en dos (de hecho, hay otros más).
Primer abordaje:
Si observamos el gráfico precedente, advertimos que en los últimos 50 años, la inflación anualizada de los EE.UU. fue del 3,7%. Frente a ella, si se hubiera invertido en el S&P 500 se habría obtenido un retorno total (incluye el pago de dividendos en efectivo) del 12,5%; si se hubiera optado por la inversión inmobiliaria (REIT) se habría alcanzado un 11,1% de rendimiento anualizado; si se hubiera elegido Bonos corporativos norteamericanos de grado de inversión, el rendimiento anualizado resultante habría sido de un 7,3%; y si se hubiera apostado al Oro dicho rendimiento anualizado ascendería al 6,4%.
Como se ve, este primer abordaje nos brinda una conclusión “sencilla y al pie”.
Segundo abordaje:
Para realizar este segundo abordaje, rescatamos un paper de 2012 del notable autor sobre asignación estratégica de activos, Mebane T. Faber, que lleva por título “Global Value: Building Trading Models with the 10-Year CAPE”.
En efecto, se basa en la creación de modelos de trading con el CAPE a 10 años. Recordemos que el CAPE (Cyclically Adjusted Price-Earnings Ratio), también conocido como Shiller P/E o PE 10, se calcula dividiendo el precio actual del S&P 500 por la media móvil de 10 años de sus ganancias ajustadas por inflación. La lógica detrás del índice es que las ganancias corporativas tienden a ser volátiles y las fluctuaciones cíclicas distorsionan el P/E tradicional de 12 meses. Al usar el promedio de 10 años se “suavizan” las variaciones cíclicas regulares. El CAPE de Shiller para el S&P 500 se ubica en 41,5 al 9 de junio de 2026. Este nivel es el segundo más alto en más de 140 años de historia del mercado estadounidense. Sólo el pico de diciembre de 1999, durante la burbuja puntocom, fue más alto (44,2). El valor actual supera ampliamente el nivel previo al crash de 1929 (~32), y el pico previo a la crisis financiera de 2007 (~27).
Ahora bien, Faber se tomó el trabajo de calcular el CAPE de Wall St desde 1881 hasta 2011.
Lo primero que detectó fue que cuando un inversor compra valores que están muy baratos (por debajo de 5 de CAPE), los rendimientos son muy buenos. A un año real (ajustado por inflación) 25,4%; a 3 años 18,9%; a 5 años 21,6%; a 7 años 22,6%.
Por el contrario, advirtió que si se hubiera invertido en valores más caros (de 40 á 50 de CAPE, el mismo nivel que estamos ahora), al cabo de un año hubiéramos ido para atrás en -12,5%; -17% a 3 años; y así sucesivamente.
Y si nos mantenemos en el centro (es decir: equidistante entre muy barato y muy caro), al cabo de un año, por ejemplo, entre 15-20 de CAPE, el rendimiento hubiera sido 6,4%; 4,7% a 3 años. Como se ha notado, es totalmente proporcional.
Según Faber, a largo plazo la Bolsa lo “aplana” todo: las modas, las euforias, los pánicos, etc.
En criollo: si se compra muy caro (entre un CAPE de 40 y 50), a 10 años uno termina perdiendo la inversión. Es decir, estamos hablando a largo plazo, en los próximos 10 años habrá muchísimas oportunidades para los que vayan a corto y a medio, evidentemente, pero el que vaya a muy largo plazo se puede encontrar con que si entra ahora y se queda quieto hasta dentro de 10 años, muy posiblemente a estos niveles se va a encontrar con… nada. Porque, sencillamente, es demasiado caro.
Para Faber nada mejor que comprar barato y vender caro. Al final, es así de simple.
Utilizando Claude.ai de Anthropic, y usando las bases de datos del CAPE de Robert Shiller, podemos preguntarnos ¿qué habría pasado invirtiendo 1 dólar en 1871? La respuesta: 1 dólar invertido en 1871 se habría convertido en la actualidad en USD 1.446 con una rentabilidad anualizada del 4,8%.
Se ha mencionado mucho de que el S&P 500 ha rendido el 9% anualizado (12,5% si se incluye dividendos), pero eso es a partir de una determinada fecha. En este caso nos estamos refiriendo desde 1871. A partir de los años ‘60, el S&P 500 se aceleró. Hay que tener en cuenta además que no existía el S&P 500 a fines del Siglo XIX (el original data de 1923 y listaba sólo 233 empresas).
Por lo tanto, para una buena parte de toda esta larga serie se ha adoptado una especie de S&P 500 “sintético” tomando siempre la base de datos de Shiller, que es la que se reconoce como la más válida. También debe aclararse que durante algunos años hubo deflación (períodos 1871-1899; 1921-1922; 1930-1933), por lo cual debe incorporarse esta cuestión para no causar una distorsión en la serie.
Dicho todo esto, si tenemos en cuenta la inflación, ese dólar se habría convertido sólo en 57, y no en 1.446. Es decir, una rentabilidad anualizada del 2,7%, teniendo en cuenta que en todo ese período la inflación anualizada fue del 2,1%.
En resumen, si tomamos como referencia el primer abordaje propuesto aquí (últimos 50 años), y dada una inflación anualizada del 3,7%, el S&P 500 arroja un 12,5% (incluyendo dividendos) de rendimiento anualizado nominal, pero no real (ajustado por inflación). Si en cambio, adoptamos el segundo abordaje (que abarca un período de 154 años), la rentabilidad anualizada nominal es del 4,8%; mientras que la real (ajustada por inflación) fue del 2,7%.
Dos lecturas. Y ambas son válidas. Pero mucho ojo con la inflación que -como el diablo- está en los detalles.
Disclaimer: El contenido de este apunte no debe interpretarse bajo aspecto alguno como consejo de inversión o recomendación de compra o venta de un activo o título en particular. Dicho contenido representa únicamente la opinión personal de quien lo suscribe. En todos los casos, todo inversor particular debe asesorarse con un profesional (ALyC) inscripto y habilitado a tal efecto ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) de la República Argentina.
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