¿Dos planetas orbitando en planos diferentes? (Divergencia de volatilidad entre la Bolsa y los Bonos de EE.UU.)

(Por Andrés Mautone, Finanzas Personales) Los mercados de acciones y bonos están valorando el riesgo en forma opuesta. El primero, está anestesiado, y el otro en trance de pánico. Antes, no pasaba eso porque ambos reaccionaban de igual manera al entorno macro.

En el apunte del día martes dimos cuenta de la gravedad en ciernes tomando como referencia la altitud alcanzada por el rendimiento de los Bonos  del Tesoro norteamericano. En estos últimos dos días, las tasas siguieron escalando aún  más hasta tocar registros no vistos desde 2002. 

Sin embargo, la Bolsa de EE.UU. parece jugar un partido aparte. Es más: tanto el Nasdaq  100 como el S&P 500 merodean máximos históricos como si no pasara nada con los tipos  de los Bonos trepando de esta manera. 

La clave está en hacer foco en la divergencia de volatilidad donde orbitan estos dos  planetas. 

Para abordar esta cuestión específica, acudiremos a un autor que hace del concepto de  volatilidad el casillero clave (key square) en su tablero de ajedrez de mercado.  

En una nota reciente titulada “Recalibrating” (Recalibrando), Charlie McElligott (analista  cuantitativo y estratega jefe de Nomura Securities), postula como idea central que  mientras la renta variable parece transitar por un carril despejado de la autopista, por debajo  de la superficie la renta fija, las divisas y el crédito se mueven en algo parecido al caos. 

No dice que existe “poca volatilidad en acciones”, sino que el precio de la volatilidad está  transmitiendo una “señal engañosa” ya que distintas partes del sistema están viviendo  regímenes de volatilidad muy diferentes. Subraya que la volatilidad en la Bolsa está  artificialmente comprimida (“calma óptima”) mientras que la volatilidad en Bonos,  FX (divisas) y crédito está diciendo que algo cambió. 

Recordemos la diferencia básica entre volatilidad efectiva (realizada) y volatilidad implícita. La primera, por su lado, se ajusta a lo que ya pasó. Mide cuánto se movió  realmente el precio en un período (por ejemplo, los últimos 30 días). Es el “registro de  lluvias” del mes pasado. Se calcula con los retornos observados, típicamente como desvío  estándar anualizado. Por su parte, la segunda es lo que el mercado espera que pase. No se  observa directamente: se despeja del precio de las opciones. Si las opciones están caras, el  mercado está "pagando" por protección (put) o por apuestas de movimientos grandes (call),  y eso implica una volatilidad futura esperada alta. Es el “pronóstico del tiempo”, y además  tiene precio. El indicador financiero que mide la volatilidad implícita esperada en el mercado de acciones de EE.UU. se denomina VIX, y en el de Bonos del Tesoro se conoce  como MOVE (abreviatura de Merrill Lynch Option Volatility Estimate). 

Sigamos con McElligott. Este analista describe así una situación en la que la volatilidad de  los índices accionarios sigue muy baja, apoyada por alta dispersión entre acciones y una  oferta persistente de opciones a sólo 0 y 1 día (opciones 0DTE / 1DTE), mientras que la  volatilidad en tasas de renta fija y FX (divisas) ha aumentado considerablemente. Eso está  provocando desarmes “dolorosos” de posiciones de carry trade y en toda la curva de  Yields. 

En otras palabras, una volatilidad está como adormecida; mientras que la otra se ha  despertado de golpe. El índice VIX de la Bolsa apenas se mueve, y de este modo unas  acciones suben mucho y otras bajan mucho: se compensan. Eso se traduce en una gran  “dispersión” en el seno del mercado accionario. La volatilidad del índice está en máximos y  muchos inversores (sobre todo los CTAs) venden opciones a diario como si nada pudiera  pasar. 

Los dos mercados están valorando el riesgo de manera opuesta. Uno está anestesiado y el  otro en pánico, y normalmente no debería pasar eso porque ambos reaccionan al mismo  entorno macro. 

Y aquí aparece la “complacencia”. Es el loop (bucle) que se retroalimenta: “nunca pasa  nada”. Esto es: como el índice no se mueve, muchos venden opciones a muy corto plazo (0  y 1 día) para cobrar prima. Esta venta masiva aplasta aún más la volatilidad, lo que anima a  vender más. Es un círculo que funciona… hasta que deja de funcionar. No deja de llamar la  atención que la Bolsa se mueve más cuando sube que cuando baja: 15,5% días de subida;  8,1% días de bajada.

Hay un oferta enorme intradía que actúa como un especie de  amortiguador. La volatilidad sube con las alzas, no con las caídas. Es una clara señal de  euforia concentrada en unos pocos valores (no más de 10 de todo el mercado accionario  norteamericano). La venta sistemática de volatilidad, ya sea con opciones diarias o con  autocallables, es lo que mantiene al índice VIX quieto. El riesgo que señala McElligott es  que esa calma es “mecánica”, no fundamental, y que el estrés de afuera (bonos, divisas y crédito) termine contagiándola. 

Para McElligott entonces el índice de acciones puede ser el lugar donde todavía no se ve  el problema, no necesariamente el lugar donde el problema se origina. Es una gran  diferencia. La pregunta deja de ser: “¿Por qué el VIX no sube?”, y pasa a ser: “¿Qué mercado está absorbiendo el shock antes de que llegue a las acciones?”. Es, precisamente, el que integra tasas de Bonos y FX (divisas). 

De allí el título elegido por McElligott para su nota. Para él, el mercado de acciones  todavía parece estar operando bajo el régimen de volatilidad anterior, mientras que las tasas  de los Bonos y FX ya están obligando a los inversores profesionales a operar bajo uno  nuevo. Y eso explica por qué el título no sea, por ejemplo, “Risk-Off” sino  “Recalibrating”. La palabra, sin dudas, implica transición.

De todos modos, el escenario que McElligott tiene en cuenta que puede llegar a ser el  detonante es muy concreto: otro dato caliente de inflación o el temido titular de una  prohibición de exportar diésel por parte de la administración Trump que sería un nuevo  shock de inflación, y, por consiguiente, subidas de tasas. 

Concluye que el “nuevo orden mundial” (independencia energética, cadenas de suministros  relocalizadas, acceso a recursos naturales como cuestión de “seguridad nacional”) mantiene  la energía, el refinado, los petroleros, y la inflación en general persistentemente altos hasta  que luego algo se rompa en el mercado, y obligue en consecuencia a los bancos centrales a  volver a expandir sus respectivas hojas de balance. 

Disclaimer: El contenido de este apunte no debe interpretarse bajo aspecto alguno como  consejo de inversión o recomendación de compra o venta de un activo o título en particular.  Dicho contenido representa únicamente la opinión personal de quien lo suscribe. En todos  los casos, todo inversor particular debe asesorarse con un profesional (ALyC) inscripto y  habilitado a tal efecto ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) de la República Argentina.

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