Cómo se apaga internet en un país entero (el “botón rojo” que Irán apretó)

Irán desconectó internet del país casi por completo el 8 de enero. Es la tercera vez en cinco años que el régimen recurre a un apagón total para intentar frenar una ola de protestas.

¿Podemos vivir sin internet? Según un informe reciente, dedicamos alrededor del 40 % de nuestro día a usar ordenadores, móviles u otros dispositivos para acceder a las redes sociales, trabajar de forma remota o comunicarnos y relacionarnos con el resto del mundo. Esta investigación también revela otro dato: casi tres de cada cuatro personas de nuestro planeta son usuarias de la red. Sin embargo, esta conexión digital no siempre es algo que dependa de la propia ciudadanía. Solo en 2024 —último año del que se tienen datos disponibles— se registraron 296 apagones de internet en 54 países. Es la cifra más alta desde que se comenzó a documentar estos cortes hace casi una década y confirma una tendencia: estos cortes se han convertido en una herramienta de control cada vez más utilizada para frenar protestas, condicionar elecciones y gestionar conflictos.

Irán ofrece un ejemplo reciente y extremo. El pasado 8 de enero, en plena ola de protestas, el país volvió a desconectarse del mundo: en apenas media hora la conectividad nacional cayó hasta quedar reducida a aproximadamente el 1% del tráfico habitual. Fue el tercer apagón total en cinco años, tras los de 2019 y 2022, pero esta vez llegó acompañado de una novedad significativa: la neutralización activa de internet por satélite.

¿Qué es un apagón de Internet?

Se lo define como “la interrupción intencionada de internet o de servicios electrónicos imposibilitando su uso, con el propósito de ejercer control sobre el flujo de información”. No se trata de fallos técnicos ni de ataques informáticos, sino de decisiones políticas que dejan a comunidades enteras sin capacidad de comunicarse, organizarse o conocer lo que ocurre en su propio país.A pesar de la creciente oposición internacional, los cortes siguen siendo una táctica predilecta tanto de gobiernos autoritarios como democráticos: el número de casos registrados ha subido de 78 en 2016 a 296 en 2024 (esto revela un aumento de casi el 280 % en tan solo ocho años). Desde India hasta Myanmar, desde Israel hasta Rusia y desde Senegal hasta Kenia, se continuaron cerrando internet y plataformas de comunicación críticas.

La proliferación de apagones plantea dos preguntas inquietantes: ¿existe realmente un ‘botón de apagado’ para internet? y, sobre todo, ¿es legal que un gobierno desconecte a su población del mundo digital? La respuesta es compleja y depende tanto de la arquitectura de la red de cada país como de su marco político y jurídico.

Un apagón total en cuestión de minutos

A diferencia de los fallos técnicos, los cortes de internet ordenados desde el poder suelen ser bruscos, simultáneos y afectan a múltiples operadores a la vez. En el caso iraní, los datos publicados por plataformas de observación del tráfico apuntan a que, entre las 20:00 y las 20:30 horas del 8 de enero, la actividad en la red cayó cerca de un 90 % en apenas media hora. A lo largo de la noche, la conectividad quedó reducida a una fracción residual —en torno al 1 %— atribuida a servicios operativos internos y comunicaciones de carácter crítico. La interrupción no solo afectó al acceso a la web, sino también a las líneas telefónicas móviles y fijas.

Cómo se apaga técnicamente internet en un país

La capacidad de apagar internet a escala nacional no depende solo de la voluntad política, sino también de cómo está construida la red del país. En Irán, buena parte de la infraestructura troncal —la que conecta las redes entre sí y permite salir al exterior— está controlada por el Estado o por entidades afines. Eso hace que existan pocos puntos críticos que vigilar y que la desconexión pueda coordinarse de forma centralizada. 

En términos técnicos, Irán opera con un número reducido de Sistemas Autónomos (ASN). Un Sistema Autónomo es, simplificando, una gran red que gestiona el tráfico de miles o millones de usuarios. Es como una ‘provincia’ dentro de internet. Cuantas menos provincias haya, más fácil resulta controlarlas.

Además, el país concentra sus puertas de salida internacionales (gateways) en unos pocos operadores. Desde el punto de vista del enrutamiento global, esto significa que, si se controla este pequeño grupo de redes, es posible retirar los anuncios de rutas que indican al resto del mundo cómo llegar a las direcciones IP del país. Desde fuera, la red deja de existir porque no hay un camino para alcanzarla.

A esta estructura se suma la National Information Network, una red nacional que Teherán desarrolla desde hace años para alojar servicios críticos —banca, administración, comercio, comunicación interna— incluso cuando internet global está caído o bloqueado. Aunque el proyecto se presenta oficialmente como modernización digital y soberanía tecnológica, analistas internacionales sostienen que también facilita los apagones al permitir que el país funcione hacia adentro aunque quede desconectado hacia fuera.

¿Existe un ‘botón de apagado’ para internet? Aunque haya alimentado muchas películas bélicas, este tipo de procedimientos no equivalen a ‘bajar un interruptor’. En la práctica, los apagones nacionales combinan varias capas de intervención. Hay ocho tipologías principales de apagones, clasificadas en función de los mecanismos técnicos que utilizan los actores (generalmente Estados u operadores con apoyo estatal) para bloquear o degradar la conectividad:

Ningún apagón utiliza todas estas técnicas a la vez. En general, los gobiernos combinan varias capas según el contexto político y la arquitectura de la red. Según observadores técnicos, el apagón del 8 de enero siguió una secuencia clara: primero se degradó el tráfico móvil; después se retiraron rutas, desconectando al país del mapa global, y finalmente se estabilizó una conectividad mínima destinada a servicios críticos.

Corte también al sistema de internet por satélite

La novedad del apagón que Irán está ejecutando ahora es un componente que no había estado presente en los anteriores: la neutralización activa de internet por satélite. Hasta ahora, pequeñas comunidades de usuarios iraníes habían logrado mantener conectividad gracias a terminales de Starlink, el servicio de acceso a internet desde constelaciones en órbita baja de SpaceX. En situaciones de corte terrestre, el satélite había servido como vía de escape.

En esta ocasión, organizaciones internacionales y varios medios han confirmado el uso de interferencias por radiofrecuencia y perturbación de señales GPS, técnicas habitualmente asociadas a capacidades militares. Según estas fuentes, el objetivo es degradar el servicio satelital para evitar que se convirtiera en una alternativa al apagón de la red terrestre.

El bloqueo del satélite sugiere un aprendizaje técnico a partir de conflictos recientes. Durante la guerra de Ucrania, el uso de internet por satélite ha demostrado ser una herramienta de resiliencia para comunicaciones civiles y militares. Varios expertos señalan que países con capacidad autoritaria han tomado nota.

La posibilidad de reactivar el satélite desde el exterior ha abierto un debate técnico y político sobre si un gobierno extranjero puede romper un apagón nacional mediante servicios comerciales y si esto pudiera considerarse una forma de intervención.

Para que la red satelital funcione, además, se requieren terminales físicos dentro del país, algo que Irán ha perseguido activamente.