¿Por qué sube tanto wall street? (a pesar de la precaria tregua en Medio Oriente)

(Por Andrés Mautone, Finanzas Personales) Para abordar esta cuestión, vamos a centrarnos en un reciente paper de Mark Wilson (uno de los principales analistas de Goldman Sachs), que nos muestra un poco cómo se encuentra en la actualidad el mercado de capitales.

El interrogante fundamental que formula Wilson es -en este sentido- quién está
comprando y por qué.

Primero aclara que el mercado ha subido las últimas semanas no porque de repente todos piensen que la economía está exenta de problemas, sino porque ha habido un disparador que ha provocado el típico “Miedo a quedarse afuera” (FOMO, por su acrónimo en inglés). Se pregunta entonces: ¿quiénes han comprado tanto? Según Wilson es la mano fuerte que estaba obligada a comprar aunque no quisiera. Y esta mano fuerte es -ni más ni menos- el colectivo que integran los CTAs (Commodity Trading Advisors), que gestionan los grandes fondos de retiro y pensiones en los EE.UU. Estos pibes mueven mucha guita y todos ellos fatigan algoritmos de última generación que siguen una regla muy simple pero harto poderosa.

Cuando el mercado sube ellos compran, y cuando el mercado baja ellos venden. Eso es
lo que hacen. Automáticamente, casi que no miran nada, según Wilson. No ven si Apple Inc. es una excelente empresa o si el petróleo o el Oro van a subir, o si Donald Trump escribe en X lo que se le canta. Miran el precio. Si el precio sube durante varios días, el algoritmo en cuestión salta y les obliga a comprar más. Y si baja les obliga a vender.

Son seguidores de tendencia totales. Resulta que esta gente estaba short (cortos) al máximo con todo el desquicio que se había armado con la guerra. En criollo, habían tirado toda la carne al asador por el lado bajista. Estaban tan cortos que, al pasar todo lo que pasó, en cuanto el mercado dejó de caer, y empezó a rebotar, entonces dieron vuelta su posición: vendieron los cortos y empezaron a ponerse long (largos). En las sólo 5 sesiones compraron la friolera de 86.000 millones de dólares.

Esto fue a nivel global, no sólo en la bolsa de EE.UU. Y lo más importante, según este paper de Wilson, es que aún quedan (o quedaban) otros 70.000 millones de dólares por comprar si los precios no caían. Y no cayeron. Es decir, estos CTAs fueron los que han provocado la gran subida. Además, históricamente, cada vez que ha habido compras de tal magnitud como la de estas semanas (desde 2018 sólo había pasado en tres ocasiones anteriormente), un mes después, se subía en promedio un 2,2%. Sólo hubo una ocasión que se bajó: apenas un 0,3%. Y a los tres meses se subía en promedio un 8,2 %. En el primer caso (2019), un 6,5%. En el segundo caso (2023), un 10,9%. Y en el tercer caso (2024), un 7,2%.

Pero no sólo han comprado los CTAs, los Hedge Funds (HF) también han tenido que comprar, pero forzados por las circunstancias. En este sentido, los HFs difunden un ratio muy importante que es la relación long- short, que mide cuánto tienen apostado ellos al alza frente a cuánto tienen apostado a la baja. Bueno, este ratio cayó a su nivel más bajo en 10 años. Vale decir, sus apuestas largas comparadas con sus apuestas cortas estaban en el margen más bajo de la última década, y que, con esta subida, no han tenido más remedio que dar vuelta sus posiciones. Aclaración: ese margen sólo puede cubrirse con compras.

Se señala que una parte enorme de la subida que se ha visto no es dinero nuevo que se está tirando de palomita en el área chica de la cancha. Es guita de posicionamiento técnico. Simplemente, los traders profesionales estaban demasiado bajistas y les tocó, por tanto, deshacer esas apuestas. 

Con que las noticias fueran “medianamente buenas” les bastaba, no tenían por qué ser perfectas. Y esto explica además por qué Wall St puede seguir subiendo ¿un par de semanas más? por pura inercia técnica. Por lo tanto -escribe Wilson de Goldman-, “cuidado con el pesimismo excesivo”.
Cuidado con que estamos demasiado altos o hemos rebotado demasiado porque no necesariamente tiene que ser así. Agrega: este combustible técnico de algoritmos, esta anfetamina, sigue ahí, y todavía le queda mucho. Una situación parecida reciente en la historia fue la sucedida en 2025.

En efecto, después del anuncio del “Día de la Liberación” por parte de Trump el 2 de abril de ese año (aumento de aranceles para todos y todas), el tinglado bursátil se vino abajo, y luego, desde allí, rebotó para volver en un par de semanas a donde estaba. Veamos ahora otro dato de Wilson que suma (y mucho) para analizar la situación actual del mercado: la última vez que el Nasdaq (NDX) subió más de 13 sesiones consecutivas fue en enero de 1992. Según Wilson, por entonces el mercado se había dado vuelta claramente, y durante esos años castigaba a quien necesitaba fábricas y gastaba mucho para poder producir; y premiaba, por el contrario, a quien tenía un capital relativamente inferior que tan sólo necesitaba servidores.

Hoy -dice Mike Wilson-, es al revés. Se premia al que tiene fábricas, minas de extracción, refinerías, los fierros, y empieza a dudar de las empresas cuyo valor depende de activos que son intangibles. La tesis que defiende él desde Goldman Sachs es que hay un “temor a la erosión de los intangibles por parte de la AI”, porque si la AI puede replicar Software, códigos, contenidos, diseños, servicio de consultoría, marcas, entonces -remata- “las empresas que basaban su valor en eso tienen un problema”. 

Por todo eso, Wilson estima que la inversión en infraestructura y AI en servidores, en chips, en centros de datos, cableado, etc., va a aportar el torno al 40% del crecimiento total del beneficio por acción del S&P 500 para este 2026. Pero -ojo con eso- bajará al 33% en 2027. Esto es, si ese CapEx se ralentizara, porque las empresas adviertan cierto exceso de capacidad, y los hiperescaladores (Google, Meta, Microsoft, Amazon) empezaran a recortar, el impacto sobre el conjunto del S&P 500 podría ponerse, por decirlo de algún modo, complicado.

No obstante ello, una mayoría sostendrá tal vez con razón que en todo caso ese es un motivo de preocupación para el año que viene, pero con respecto al resto de 2026 -más allá de cómo se resuelva el quilombo en Medio Oriente- la cosa pinta bastante bien. “¿Qué hacer entonces?”, se preguntan ellos ahora. “Mientras la música no se acabe, seguiremos bailando”, concluyen.
Pero seguramente habrá otros (una minoría como ocurre siempre en estos casos) que estarán pensando que -hoy por hoy- prefieren irse antes que termine la fiesta en vez de entrar temprano a un velorio después. 

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