La Liquidez Global sigue por las nubes (¿Seguirá subiendo la Bolsa de EE.UU.?)

(Por Andrés Mautone, Finanzas Personales) El S&P 500 no dejó de marcar nuevos máximos. A pesar de una guerra inconclusa, de la sombra de la inflación, y de la posible suba del tipo de interés, los mercados siguen trepando. La dominancia de la Liquidez Global.

Desde el 2008, el ritmo de crecimiento de la deuda pública emitida por los gobiernos del G-7 ha sido superior al ritmo de crecimiento del PBI global, de tal manera que estos gobiernos se están enfrentando a un problema enorme: la refinanciación de una cantidad ingente de deuda pública que vence cada año.

Como consecuencia de esto, el dinero que se mueve en la economía para refinanciar tantos vencimientos tiene que estar en el sistema. Pero este dinero también le llega a los bancos. Y los bancos con este dinero tienen una base mayor sobre la que conceder mayores créditos y a incrementar la Liquidez Global (M2). Efectivamente, desde noviembre del año pasado, se redujo el coeficiente de recursos propios a los bancos estadounidenses. Esto supone que desde entonces los bancos cuentan con un rango de 250 á 300 mil millones más de base para conceder créditos. Y que por el efecto multiplicador del crédito bancario, muy probablemente pueda llegarse a conceder a lo mejor 3; 4 ó 5 billones de créditos. Esto sólo en EE.UU. Vamos a China.

La economía china se está debilitando. Por tanto, lo que viene haciendo el Banco Popular de China (PBOC) es inyectar liquidez en el sistema. Y mucha. 

De hecho, al cierre de 2025, el M2 global venía de niveles cercanos a los 120 billones de dólares (usando acá la medición amplia de los 21 principales bancos centrales), con China como principal motor, representando alrededor del 37% del total. Por su parte, el M2 de EE.UU. pasó de 22,37 billones en diciembre de 2025 a 22,44 billones en enero de 2026, y luego marcó un nuevo máximo histórico de 22,67 billones en febrero (un crecimiento de casi un billón de dólares en tan solo siete meses desde julio de 2025). En marzo subió a 22,69 billones, y en abril continuó la expansión hasta 22,80 billones.

En marzo, el M2 global alcanzó nuevos máximos con ganancias sincronizadas entre las principales economías: China lideró con 49,96 billones (+2.73% mensual), Europa con 19,4 billones (+2,71%), y EE.UU. con 22,67 billones (+1%). Alemania y el Reino Unido tocaron niveles récord de M2, mientras Japón fue la única excepción a esta ola expansiva.

¿Qué impulsó esta expansión? La Reserva Federal (Fed) de los EE.UU. recortó tasas en 175 puntos básicos en los últimos 18 meses y retomó la expansión cuantitativa con compras mensuales de 40 mil millones en bonos del Tesoro. El balance de la Fed creció desde alrededor de 800 mil millones en 2005 a aproximadamente 6,5 billones en 2025, aumentando su proporción del PBI del 6% al 21%.

En síntesis, los primeros cinco meses de 2026 mostraron una expansión monetaria global sincronizada y persistente, con el M2 de EE.UU. en máximos históricos, y el M2 global (los cuatro grandes bancos centrales) superando los 90 billones en la medición tradicional, o bien ~120 billones en la medición más amplia de múltiples bancos centrales.

Según, el analista holandés Jeroen Blokland, “el suministro monetario global se está disparando”. De acuerdo a su punto de vista, “los datos sobre el suministro monetario están lejos de ser abundantes y son mayormente fragmentados, lo que dificulta ver qué está ocurriendo a nivel agregado”. 

No obstante ello, el gráfico a continuación muestra que los bancos centrales, las economías, los gobiernos y los mercados del G-7 se dirigen hacia un precipicio. Para Blokland, los mercados quieren impulsar las tasas de interés al alza a medida que la inflación se dispara nuevamente, enfrentando a los gobiernos con sus enormes niveles de deuda ante un aumento en los costos de intereses. Mientras tanto, “para preservar la poca credibilidad que les queda”, los bancos centrales se ven obligados a adoptar un tono hawkish (halcón / restrictivo), preparándose para más subidas de tasas.

Todo esto ejerce una presión masiva en la máquina de refinanciamiento. Más del 70% de todas las transacciones financieras se trata de refinanciar o renovar deudas existentes. Nada de eso va a la economía real. Y esta es exactamente la razón por la que el crecimiento del suministro monetario está a velocidad “Warp 1” (velocidad de la luz) a pesar de una fuerte caída. Incluso para evitar que esa caída ocurra, se requieren niveles sin precedentes de liquidez. 

Gráfico I: Oferta monetaria global (M2)


Dicho todo esto, es dable preguntarnos si con tanta liquidez dando vuelta por el mundo, ¿cuál será el probable comportamiento en cuanto a su cotización del principal índice de los EE.UU.?

Si se observa con detenimiento la correlación entre el M2 global con el S&P 500, este interrogante puede llegar a responderse por sí mismo. 

Gráfico II: Correlación entre Liquidez Global M2 y S&P 500

Sin embargo, ésta no deja de ser la única métrica a tener en cuenta a la hora de invertir en este índice en particular. Es muy importante, por cierto, pero desde ya no es suficiente. Y ni hablar si aparece algún Cisne Negro. 

En ese caso, las métricas -todas- terminan siendo papel mojado.

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